sábado, 25 de abril de 2015

#viveJordania
DÍA 2

Amán huele a condimentos. A cardamomo y curry, a sumac, turmeric, clavo y koriander. A arroz largo de un color cercano al amarillo, al pollo más suave, a pan árabe recién horneado. A niños que corren y dicen "selfie, selfie", mientras se acomodan a tu lado para que los fotografíes.  




Amán sabe a mansaf (cordero con salsa de yogurt) y muskan (pollo con aceite de oliva y piñones), a maglouba (carne con arroz) y sish kabab (cordero, pollo adobado). A humus y tabulé. A café con cardamomo que deja un asiento en la pequeña taza para que puedas jugar con las formas que podría tener tu futuro. A comida del Levante. Al delicado sabor del té de menta y de un desayuno apresurado pero no por eso libre de colores, de aromas que atraen, que seducen. A comida elaborada con tus propias manos. Sabe a alegría.









Amán se escucha como viento del desierto, lleno de voces que oran, del sonido de flautas y gaitas, de frases que de repiten como una melodía constante y seductora. Como el susurro de un mar lejano, de ese idioma desconocido que se siente cercano.



Amán aún no se muestra por completo, apenas un atisbo que recuerda a México de muchas maneras pero, a la vez, está demasiado lejos y es demasiado compleja para ser igual.



Amán duerme cuando yo no logro hacerlo.




Amán, ciudad alba, descansa antes de que en unas horas te posea nuevamente.




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