#viveJordania
DÍA 2
Amán huele a condimentos. A cardamomo y curry, a sumac, turmeric, clavo y koriander. A arroz largo de un color cercano al amarillo, al pollo más suave, a pan árabe recién horneado. A niños que corren y dicen "selfie, selfie", mientras se acomodan a tu lado para que los fotografíes.
Amán sabe a mansaf (cordero con salsa de yogurt) y muskan (pollo con aceite de oliva y piñones), a maglouba (carne con arroz) y sish kabab (cordero, pollo adobado). A humus y tabulé. A café con cardamomo que deja un asiento en la pequeña taza para que puedas jugar con las formas que podría tener tu futuro. A comida del Levante. Al delicado sabor del té de menta y de un desayuno apresurado pero no por eso libre de colores, de aromas que atraen, que seducen. A comida elaborada con tus propias manos. Sabe a alegría.
Amán se escucha como viento del desierto,
lleno de voces que oran, del sonido de flautas y gaitas, de frases que de repiten como una melodía constante y seductora. Como el susurro de un mar lejano, de ese idioma desconocido que se siente cercano.
Amán aún no se muestra por completo, apenas
un atisbo que recuerda a México de muchas maneras pero, a la vez, está demasiado lejos y es demasiado compleja para ser igual.
Amán duerme cuando yo no logro hacerlo.
Amán, ciudad alba, descansa antes de que en
unas horas te posea nuevamente.
Crónicas de lujo Vero. Gracias por compartir.
ResponderEliminarBuen viaje.